jueves, 1 de diciembre de 2011

:)

         Un día un padre quiso llevar a su hijo al circo que estaba por ese entonces en el pueblo. Cuando se disponían a entrar, el niño vio un hermoso y enorme animal detrás de rojas lonas del circo. Entonces, el niño dijo a su padre que quería verlo de cerca, quería tocarlo. El padre quiso complacer a su niño, así que se acercaron hasta donde estaba el gran elefante.
Era enorme y bello. Su piel era... especial, con montañas diminutas que se juntaban y creaban una especie de manta gris y rugosa. Tras varios minutos, preguntó a su padre:

- Papá, ¿por qué está atado a una cadena?

- Para que no se escape cariño. 

- Pero papá... siendo un animal tan grande, ¿porqué no rompe las cadenas y se va con su familia?

- Cuando este elefante era tan solo un pequeño, como tú, le enseñaron que debía tener siempre puesta esa cadena.
Un día de pequeño intentó soltarse. Pero no pudo. Probablemente nunca lo volvió a intentar, y es por eso que aún sigue aquí. A veces, las personas no somos buenas con los niños y tampoco con nosotros mismos. Las personas que ataron a este animal a la cadena le enseñaron que jamás debía de soltarse, y por ello nunca lo ha vuelto a intentar. Si el animal quisiera, ahora mismo podría soltarse y escapar. Pero no lo ha hecho porque nunca se lo han enseñado y una vez le dijeron que estaba mal hacerlo.

- Papá...¿por qué hay gente tan mala? ¿por qué no dejan que vaya con su familia? Papá, no quiero ir al circo. Quiero enseñar al elefante a ser libre.

A lo largo de la vida conoceremos cosas que no nos dejarán hacer lo que realmente queremos o necesitamos, aún pudiendo hacerlo. No debemos dejar que nada ni nadie nos haga dudar de lo que verdaderamente conocemos.
No dejemos que nos aten a una cadena y no nos enseñen a romperla. Aprendamos a romper las cadenas.

"Creer es Poder".

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